El miércoles pasado nos reunimos con Román Antonio Álvarez, Concejal de Cultura y Deporte del Ayuntamiento de Avilés, para realizar un seguimiento de la ejecución del programa electoral en el área de cultura.

Cultura, que posiblemente sea una de las áreas más perjudicadas por la recesión económica en las corporaciones municipales de media España, juega un papel fundamental en el desarrollo económico del municipio.

Para ello hay que entender la conjunción Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer y Factoría Cultural. Cuestiones independientes, pero estrechamente vinculadas; el uno como polo de atracción, el otro como fábrica de creación autóctona. Ese binomio creará un tejido industrial nuevo que ayudará a diversificar la economía avilesina –haciéndola menos dependiente de la prosperidad del sector metalúrgico al evitar el monocultivo–.

Además del empleo directo por la generación de arte y cultura, también hay que hablar de las consecuencias para sectores relacionados, como la hostelería, transporte público, turismo, etcétera. Y, abandonando la perspectiva meramente económica, también está su papel como motor cultural. Nadie puede dudar del potencial del centro para situar a Avilés en el mapamundi: es una realidad, el presente.

Hemos hecho una apuesta muy fuerte. Tratamos de identificar la cultura con el futuro de una ciudad que hasta ahora había vivido en la mediocridad. Oía hoy de un compañero que el Niemeyer sería la Ensidesa del presente siglo. Yo no me atrevería a negarlo. Y como yo tanta otra gente entusiasmada con el proyecto.

No sé si ambos puntos de inflexión en la historia de Avilés –Ensidesa y el Niemeyer– serán comparables, pero al igual que la instalación de la fabricona supuso la creación de cientos de empresas auxiliares e infraestructuras, la construcción del Niemeyer supondrá muchas otras responsabilidades de las administraciones públics. Si hacemos una apuesta por la cultura y el turismo, debemos ser lo suficientemente consecuentes como para realizar todas aquellas actuaciones complementarias que integran la oferta cultural avilesina.

Y de ese pensamiento nacen otros proyectos muy interesantes. El Museo de Avilés es un buen ejemplo de ello. De hecho, es el elemento que cohesionará y dará perspectiva a todo lo demás. Será el centro donde el visitante interpretará la historia de la Villa a través de su arte, de su patrimonio y de su cultura. Todo a través de las nuevas tecnologías y la interactividad, con minimalismo y sin exposiciones al uso. Avilés tiene su verdadero museo en las calles.

Y precisamente por esto se hace necesario un plan integral para la conservación y rehabilitación del patrimonio avilesino. Hemos visto como el área de cultura ha ido restaurando, en la medida de sus posibilidades y de la prioridad que tienen las inversiones más determinantes, algunas piezas del patrimonio avilesino.

Lo ha hecho con la estatua de Pedro Menéndez, el Teatro Palacio Valdés, La Foquina, los Caños de Galiana o la capilla de Las Alas –financiada por el Gobierno regional a través de la Dirección Regional de Patrimonio–. Pero aún hay muchos edificios protegidos que necesitan ser rehabilitados de manera prioritaria. Desde la Iglesia de San Nicolás de Bari o la de Sabugo al Palacio de Macua o el Cementerio de La Carriona.

La inmediatez no existe cuando hablamos de inversiones sujetas a un presupuesto limitado, pero es importante definir la ruta a seguir. La Concejalía de Cultura ha hecho un gran esfuerzo para dotar a la ciudad de una planificación que dote a la oferta cultural de cohesión, coherencia y atractivo.

Al menos eso es lo que he percibido en la reunión. Avilés tiene muy definido los pasos a seguir, y eso es muy importante. Lo demás es cuestión de tiempo, de presupuesto. Apostemos por la cultura, hagámoslo decididamente.

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