Engañifa popular

10/09/2009

La pluralidad política tutela la formación de una opinión pública libre e independiente, lo que es un elemento imprescindible para cualquier Estado moderno que lleve la democracia por estandarte. Hablar de libertad de expresión es hablar de pluralidad política, de tener derecho a ejercitar un pensamiento autónomo e íntegro. Y para que la pluralidad política exista deben coexistir multitud de asociaciones que articulen el debate público, que creen una sociedad informada que opte por elegir de forma soberana sus pensamientos e ideas de entre un sinfín de alternativas diversas.

En la diversidad radica el punto principal de este amasijo de ideas. Una diversidad que ofrezca múltiples sendas para elegir, una diversidad que haga del razonamiento y la lógica su principal arma, que sea objetiva y dé opciones. En el mismo momento en que uno de los elementos falla, toda esta gran pirámide de naipes se viene abajo con la consecuente derrota de la sociedad, en tanto a ente que desea ejercitar su derecho al libre pensamiento.

Está intrínsecamente ligado a la existencia misma de un partido político el hecho de que éste aporte una visión alternativa y ejerza una crítica constructiva sobre las acciones y omisiones del resto de asociaciones que conforman el espectro político. En esto radica su verdadera importancia. La Constitución lo dice así: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”.

Siendo dogmáticos, de una agrupación política deberíamos poder esperar seriedad, presumir honestidad y estimar sinceridad. Y sin embargo es triste que las luchas de poder intestinas y las ansias de crispación puedan conducirnos a una situación tan precaria e injusta como la que estamos viviendo. Acusar con ligereza al Estado de realizar escuchas, máxime desde la posición que les ofrece ser miembros del principal partido de la oposición, es depravado y perverso; hacerlo además sin ningún indicio –que no prueba—sólo añade un agravante que se reviste de cinismo y maldad; repetirlo, por ende, allá donde tienen oportunidad, es manipular torticeramente la democracia y engañar a la opinión pública.

¿No habrá mecanismo alguno que le impida al Partido Popular practicar una continua deslealtad para con la Constitución y los españoles? ¿Cómo controlar las calumnias más depravadas cuando pueden escudarse en el ejercicio parlamentario?

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