Día del Orgullo LGTB
27/06/2009
Hoy es el día del Orgullo LGTB: lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Este año el lema que FELGTB y COGAM han elegido para la reivindicación –pues no sólo es un día de celebración por los hitos alcanzados; también de reivindicación por los que están pendientes de alcanzar– es “Escuelas sin armarios”. Pese a los avances sociales logrados en estos últimos años, estos dos grandes movimientos asociativos creen que hay mucho que trabajar para lograr el imperio del respeto hacia los miembros del comunidad educativa que sean lesbianas, gays, bisexuales o transexuales. Yo lo comparto.
Hace no tantos años que dejé el instituto, y siempre recuerdo que curso tras curso se conocían nuevos compañeros estigmatizados por ser lo que son o, en muchos casos, lo que presuntamente eran. Por entonces ver a dos compañeros de la mano o ver a un tío pillándose a otro en la calle sería impensable. Aquello era propio de países open-minded como Holanda y de los programas de la tele. No había, desde luego, la libertad social para que cada uno expresara sus sentimientos en público sin miedo a miradas despectivas, a una censura social. Sólo los valientes abandonaban el armario. En los colegios eso suponía la exclusión social.
Y sin embargo, había una demanda social que reivindicaba la normalización, también social, de las relaciones LGTB. Pasaron los años y llegó el Gobierno socialista de Zapatero. Y con él llego la legalización en el año 2005 de los matrimonios entre personas del mismo sexo. No se salvó de la polémica artificialmente creada por los sectores más rancios de la sociedad; nada que perdurase en el tiempo, al fin y al cabo. Y entonces la sociedad experimentó un cambio que iba más allá de lo jurídico. Y de ello cualquiera puede dar fe. Juan y Miguel, besándose, ya no levantan miradas despectivas. Al menos no tantas. Si acaso inocente curiosidad.
Y sin embargo, estoy seguro que muchos jóvenes aún permanecen en el armario en los institutos de toda España. La sociedad va cambiando, pero progresivamente, y muchas veces son los niños y adolescentes quienes más utilizan la crueldad sin valorar sus consecuencias. Cuando un chaval llama marica a otro, ni valora en su conjunto la situación ni piensa en su verdadera opinión al respecto. Simplemente trata de ofender de la forma más fácil y gratuita posible. Grandes cambios requieren de grandes dosis de paciencia y, sí bien hay que reivindicar y exigir, también hay que alegrarse de lo conseguido. Aunque sólo sea un comienzo.




