Il Cavalieri

23/06/2009

Putas, drogas, sexo y malversación de fondos públicos. La ley al servicio de los caprichos e intereses de una sola persona. Berlusconi ha hecho de Italia su cortijo sin ningún tipo de complejo ni bagaje. Y a los italianos, hasta ahora, parece no importarles demasiado la cuestión. No importa cuanta perversión, cuantos delitos, cuanto ridículo; lo cierto es que Il Cavalieri continua siendo un referente electoral de la derecha europea. No sé si el hecho de controlar los medios de comunicación en un régimen casi monopolístico habrá tenido algo que ver. ¿Acaso se habrá sustraído a la población de un debate que debiera propiciar la creación de una opinión pública?

Lo cierto es que desde que ha llegado al Gobierno, en esta última legislatura, Berlusconi ha ido de desacierto en desacierto. Desde el “tomarlo como unas vacaciones en un camping” que rebuznó a las víctimas del terremoto en los Abruzos, a las listas electorales que pretendía trufar de modelos, stripers, actrices y demás famosillas –en femenino, eso sí–. Todo un despropósito. Para que hablar del Comisario homófobo y del Presidente de su partido, Forza Italia, llamando maricones a los que censuraban tal nombramiento. En medio quedan las patrullas fascistas vigilando las calles, el acoso a los inmigrantes o las relaciones con la mafia. Un espectáculo de telenovela en toda regla.

En la labor de Gobierno, podríamos hablar de su afán de utilizar el aparato del Estado en su único beneficio. Blindarse ante la inminente acción de la justicia o emprender reformas constitucionales al único propósito de aumentar su poder político. Para qué hablar de la política fiscal y su afán por no mantener las reglas del libre mercado allá donde perjudique su conglomerado empresarial, o la laxitud con la que se aplican los impuestos a las rentas más altas.

Pero, sin duda, el clímax de todo esto es su vida ¿personal?. Si siquiera los cuernos fueran su único pecado, apenas si pasarían desapercibidos. Pero no. Para Il Cavalieri del harén eso es pecata minuta. Si no hablamos de una gran macrorgía con putas –cuando el cliente es Primer Ministro de Italia se les llama escorts–, farlopa y tipos cuadrados con metralleta. Y al avión invitan los italianos. Al final un divorcio de su discreta esposa y la Iglesia en pie de guerra. Berlusconi, cuyas políticas tienden a favorecer los principios de la fe cristiana (véase la legislación restrictiva que se pretende promulgar en Italia con el tema del aborto), no ha podido contener a algunos Obispos que ya han pedido explicaciones pese a ser, habitualmente, muy condescendientes.

Los italianos, que ya ni en el fútbol tienen alegría alguna, deberían empezar a replantearse que quieren para su futuro.