Barricadas y diálogo social
15/06/2009
Recuerdo una frase de una película de hace varios años que me gusto mucho. ¿Y ahora qué?, decía. Su autor era un Antonio Resinesº más joven y con más pelo, mochila al hombro y familia a cuestas por las carreteras que conectan Asturias con Madrid. La frase viene a colación, por el contexto de la película. Un minero que después del cierre de su mina decide emprender un viaje hasta Madrid para pedirle cuentas al rey, pues en la Constitución se recoge que los españoles tenemos derecho a un trabajo digno.
Pero lo que fue llevado a la ficción por el director José Antonio Quirós, había sido realidad años atrás; fue una acción de reivindicación obrera muy utilizada. Atrás en la memoria quedan las marchas del metal a la capital o varias experiencias de convocatoria minera, sin obviar las de tantos y tantos obreros en nuestro país.
Hace apenas unas semanas un prestigioso periódico del Principado, de un grupo editorial importante a nivel nacional, se vanagloriaba de que Asturias dejara esa imagen reivindicativa, la de arrancar derechos laborales desde la barricada que había abanderado décadas atrás. Se desprendía de sus afirmaciones, que era una suerte para los trabajadores asturianos que la imagen de la Huelgona, las marchas mineras, las movilizaciones del metal y demás quedarán de una vez por todas olvidadas. Ahora la piedra filosofal para la defensa de los trabajadores era el “dialogo social” y su mesa respectiva.
El grupo editorial pretendía eliminar de golpe y porrazo la esencia de lo que son los trabajadores de esta tierra y de lo que han conseguido con sangre, sudor y muchas lágrimas. La clase obrera solo ha conseguido sus logros mediante la lucha, ya sea esta de carácter movilizador o con la dialéctica política. Esta última, mediante su introducción allá por el siglo XIX en los parlamentos burgueses de los partidos obreros, socialistas y de izquierdas que han buscado siempre un fin último. Una defensa decidida de los intereses de la clase trabajadora y sus condiciones socioeconómicas. El que quiera entender que entienda.
Quisiera que ahora sobre esa misma editorial que se publicó en su día, se analizara el caso concreto de la empresa Vesuvius. El conflicto lleva semanas en el candelero informativo y no es para menos. La multinacional ha decidido el cierre de la planta langreana, pese a ser rentable, sumar importantes beneficios, tener carga de trabajo suficiente y haber recibido sendas ayudas públicas y procedentes de los fondos mineros durante el pasado año. Un claro caso de deslocalización empresarial que deja en la calle a decenas de familias.
La negociación, la tan aclamada mesa de “diálogo social” ya ha sido cerrada contundentemente por la multinacional. Cierre fulminante, no tenemos ganas de sermones ni de negociaciones. Toma diálogo al canto. Señores responsables de las editoriales, a todos nos gustaría que las cosas fueran de “color de rosa o happy flower”, pero la cruda realidad es que eso no pasa, ni tiene visos de ocurrir en un futuro próximo. La crisis no la ha provocado la clase trabajadora y asalariada, pero la esta pagando en sus carnes.
Dígale usted ahora señor editorialista, a mi compañero Ramón, con cuarenta tacos y tres bocas que alimentar, que recurra al dialogo social que les han negado y que si eso no funciona no se lance a luchar por su trabajo a la barricada. Que eso queda muy mal en la foto y Asturias ya no es así.




